Botas de recuperación: qué hacen realmente y cuándo valen la pena.

Es probable que ya las hayas visto: esas botas inflables que parecen sacadas de una película futurista y que muchos ciclistas usan después de una rodada. Son las botas de compresión neumática, diseñadas para mejorar la recuperación muscular. Pero entre tanto bombo tecnológico, surge la pregunta: ¿realmente funcionan?

El principio es claro: estas botas aplican presión de forma secuencial, ayudando a mover líquidos y mejorar el retorno venoso. Esa presión favorece la eliminación de desechos metabólicos, como el ácido láctico, y reduce la inflamación o sensación de pesadez en las piernas.

Suena bien, y lo es, pero no son milagrosas. En ciclistas recreativos, el impacto suele ser más de comodidad y sensación de alivio que de mejora fisiológica significativa. Si montas dos o tres veces por semana, hidratarte, estirar y dormir bien probablemente te den los mismos resultados que una sesión con botas de compresión.

Las ventajas reales aparecen cuando hay volumen de entrenamiento alto o varios días seguidos de esfuerzo. En esos casos, las botas ayudan a optimizar el flujo sanguíneo y acelerar la recuperación.

Marcas como Normatec, Therabody RecoveryAir o Air Relax dominan el mercado, pero sus precios superan fácilmente los dos millones de pesos. Hay versiones más accesibles, o incluso servicios de presoterapia por sesión, que ofrecen beneficios similares sin la inversión completa.

Lo importante es entender que ninguna tecnología reemplaza al descanso, la buena alimentación y la paciencia. Usarlas después de una rodada fuerte puede ayudar, pero no compensan una semana sin dormir o sin estirar.

Así que antes de comprarlas, pregúntate si realmente las necesitas. Y si decides hacerlo, que sea para sumar bienestar, no por moda.

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